Necesito tener todo bajo control


La necesidad de controlar las situaciones cotidianas; planificar cada uno de los pasos que damos, saber qué es lo que va a pasar o hacernos un esquema mental de las miles posibilidades, normalmente, suele llevarnos al sufrimiento, a la frustración y a la impotencia.


Pero ¿Qué hay debajo de esa necesidad de control?


Normalmente la necesidad de control es una manera de enfrentarnos al miedo (es lo que se llama un mecanismo de defensa).

Controlar el entorno, hace que tengamos una falsa sensación de seguridad, la sensación de que así nuestros miedos (imprevistos, problemas, situaciones incómodas…) no se van a producir y si se producen vamos a estar alerta y esperándolos para ser capaces de manejarlos mejor.



Es una falsa sensación de seguridad, ya que es imposible controlar todo, esa necesidad de control, nos mantiene en continua alerta, pendiente de todas las variables que pueden ocurrir.


Es como si tuviésemos dentro de nosotros una sirena de ambulancia sonando constantemente para poder realizar todo con la mayor precisión posible.

Nos lleva al perfeccionismo, a la autoexigencia y a la frustración, ya que en la mayor parte de las situaciones, aparecen variables que es imposible que controlemos, por lo que aumenta la ansiedad, la sensación de impotencia y por lo tanto, también aumenta nuestra alarma interna exigiéndonos aún más ya que “no ha sido suficiente”. Creamos cada vez expectativas más inalcanzables, además de un gran agotamiento vital.


La terapia de aceptación y compromiso nos trae esta metáfora que es muy visual en relación a la necesidad de control.


Imagínate que tienes un jardín al que te gusta cuidar. Hay flores de todos los colores, plantas varias y árboles frutales. Pero que las plantas crezcan, depende de muchas cosas: del tiempo que hace que viven, de condiciones climatológicas, de cómo las has cuidado, etc.


Los jardines suelen tener malas hierbas. Como ensucian el jardín, las quiere


s arrancar enseguida y sin contemplaciones, así cada día te levantas enfadado porque hay nuevas malas hierbas que quieres arrancar. Pero al día siguiente vuelven a estar ahí. Y cuantas más arrancas, más salen.


Al final te has centrado tanto en arrancar las malas hierbas que te has olvidado de tus plantas con las que tanto disfrutabas, esas flores han quedado en un segundo plano, y de repente te das cuenta que están mustias y que tu jardín ha pasado de ser un entorno de disfrute a una tortura continua.


¿Qué hubiera pasado si te hubieras dedicado a regar tus plantas? Es posible que las malas hierbas siguieran ahí, pero no serán tan visibles, pues tus plantas estarán pletóricas, y esos hierbajos le darían un aspecto más natural a tu jardín. Además estarías más alegre por haber disfrutado del proceso, te sentirías más en calma y orgulloso por haber dedicado tu energía a eso que te hace sentir bien.


Intentar tener todo controlado, es querer vivir en un mundo limitado, cuando la realidad es que nuestro mundo tiene infinitas posibilidades.


Cuando esto ocurre muchas veces, perdemos el fin o el disfrute de lo que hacemos, y como en el jardín, se nos olvida que es lo que nos ha llevado a estar donde estamos, solo sabemos que nos levantamos enfadados pensando en las malas hierbas.


¿Os acordáis cuando erais niños? Lo bonito de jugar era que nunca sabías quien iba a ganar o como se iba a desarrollar el juego.

Lo bonito de la aventura es que no sabes que es lo que va a ocurrir.

Lo divertido de las noches épicas, donde todo surge de una manera fluida es justamente, que no esperas nada, ni quieres controlar nada. Solo te dejas disfrutar centrándote en disfrutar cada uno de los momentos que te trae la noche.

Y entonces, ¿qué pasa si me hacen una zancadilla?

Entonces, creemos en nuestras capacidades y aprendizajes, pensamos en aquellas cosas que SI podemos controlar, e intentamos convertirla en un bonito paso de baile, aceptando que caerse, nos va a ayudar también a que la próxima vez nos acerquemos más a la pirueta.


La única cura para la necesidad de control, es la aceptación de que NO todo se puede controlar.

Y desde ahí tenemos la posibilidad de ponernos metas alcanzables y exigencias centradas en la realidad de lo que SI podemos controlar.

La única cura para disminuir la angustia por control, es aceptar y ser capaz de disfrutar de la incertidumbre


Os recomendamos que veáis el siguiente corto precioso sobre la necesidad de control.

https://youtu.be/ouVS4x5q0PI

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